El “pelotón” es uno de los aspectos más representativos y míticos del Tour de Francia. Representa tanto la colaboración como la más pura competición entre los ciclistas que lo forman, ya que muchos rivales se ven obligados a colaborar para conseguir mayor rendimiento, tanto individual como en equipo. Durante el transcurso de una carrera, este grupo puede convertir lo que parece una ventaja inalcanzable de los corredores que conforman la escapada en una jugada aparentemente descabellada que acaba atrapándolos y consumiéndolos.

Los corredores situados en el centro del pelotón pueden beneficiarse de una reducción en la resistencia al viento de hasta el 40 %, lo que significa que normalmente los equipos ocultarán a su velocista más preciado en medio del grupo. Esta ventaja les permite conservar energía hasta prácticamente el final de la carrera antes de lanzarse en un esprint final. Los ciclistas que se separan del grupo y consiguen una ventaja no cuentan con esa protección contra el viento y, por tanto, no tienen las mismas reservas de energía que las que guarda el pelotón.

Pelotonomics

El nombre de este complejo malabarismo es “pelotonomics“. Además, cada año en el Tour de Francia, se recogen millones de datos de los ciclistas competidores, desde el momento en que empiezan a girar sus ruedas hasta la etapa final a lo largo de los Campos Elíseos de París.

Durante el Tour de este año, procesaremos más de 150 millones de datos, lo que significa que los aficionados podrán acceder a una cantidad de información increíble sobre sus ciclistas, equipos y etapas favoritos. Si, durante la quinta etapa, el grupo de la escapada se dispone a dejar atrás al pelotón, lo sabremos, y también lo sabrán los seguidores del Tour de Francia en los medios digitales y en la TV, ya que la visualización de datos se transmite fluidamente entre todos los canales y plataformas.

Y, lo más emocionante de todo, gracias al poder del aprendizaje automático y del análisis predictivo, podremos entender aún mejor cómo funcionan realmente estos pelotones espectaculares.

Un caso práctico

Cientos de ciclistas pedalean a través del tranquilo pueblo francés de Mouilleron-Saint-Germain en una etapa épica de 185 kilómetros durante la segunda etapa del Tour de Francia de 2018, una etapa tranquila y enfocada a un esprint final.

Las coordenadas GPS en tiempo real indican que un  grupo de ciclistas ha saltado del pelotón al empezar la etapa y está intentando abrir hueco por delante del grupo principal. El pelotón va avanzando a lo largo de la primera mitad de la carrera, y los cambios de velocidad y de posición de los ciclistas empiezan a revelar las estrategias de cada equipo. Los sensores GPS detectan un aumento casi imperceptible de la aceleración a medida que el equipo próximo a la parte delantera del pelotón cambia la velocidad.

Se han recogido miles de datos en los últimos minutos y, si los análisis predictivos son correctos, el pelotón alcanzará al grupo de la escapada justo antes del esprint final. A falta de un kilómetro, el pelotón adelanta a los escapados al pasar la pancarta del último kilómetro. Los equipos intentan colocar a su velocista en la mejor posición, mientras que, desde la relativa comodidad de los centros de la carrera, los especialistas en datos transmiten frenéticamente información a sus ciclistas a través de auriculares y les dan detalles sobre su velocidad exacta, el aumento del ritmo necesario para alcanzar la parte delantera del pelotón y el momento crucial para dar el paso y hacerse con la victoria.

¿Cómo se realiza el seguimiento del pelotón?

Este tipo de historias son habituales en el Tour de Francia, pero pocas personas son conscientes de la cantidad de tecnología y ciencia que hay detrás. Antes del inicio del Tour, se colocan unos sensores de última generación en la parte trasera de la bicicleta de cada ciclista que permiten acceder a información básica como, por ejemplo, la ubicación y la velocidad del corredor. A continuación, esta información se combina con variables más impredecibles, como la fuerza y la dirección del viento, junto con los posibles efectos del desnivel y de la altitud en la velocidad del pelotón.

Este año, estas variables se utilizan para predecir la “tasa de alcance” en la que podremos calcular cuándo el pelotón estará a punto de alcanzar al grupo de la escapada y, de manera exacta, cómo lo han logrado. Toda esta información sin restar valor al  espectáculo del pelotón,  nos ayudará a entender mejor cómo conforma y decide el resultado del evento ciclista más singular del mundo.